EN VASOS DE BARRO NO DE ORO (EL TOQUE DE DIOS ES LO QUE HACE TODA LA DIFERENCIA)
La manifestación del poder de Dios en la vida de cualquier hombre, en la
capacidad que Dios ha determinado o entregado, nunca puede crear familiaridad
como si fuese cualquier obra, o un humano orgullo, una irreverente confianza
(como si Dios estuviese obligado). Lo que crearía es humildad y temor santo
hacia la santidad del Creador.
Cualquier y toda vida usada por el Señor, en la capacidad que aquello
sea, solo puede humillar ante Él. En cualquier momento que se exteriorice algo
contrario en su notorio proceder, el Señor utilizará los caminos, correctivos
que sea ciertamente entendido y definido que:
Él es el Sanador
Él es tu Señor
Él es tu Padre
Él es tu Hacedor
Es el Dios de
milagros
Es el Dios de
poder
Él continúa siendo Dios, y usted su creación, Él es el Redentor y usted
el redimido; sin Él es un hombre perdido.
El hombre es tan solo el instrumento que ha escogido para derramar su
poder, es Dios quien vierte de su poder, ausente esto, nada hay en nadie para
dar.
Su manifestación y su poder controlado por Él que actúa, nunca podrá
concluir sin humildad o humillación ante Él y exaltadas alabanzas hacia el
Padre de amor. Cualquier otro resultado que no finalice en esta dirección, no
ha procedido o descendido del Hacedor; excepto de la limitada condición del
hombre, que ha tratado de usurpar lo que no se le puede dejar de entregar al
Creador.
Cuando José interpretó los sueños del faraón, le hizo claramente
entendido que de Dios procede la revelación, ni por un segundo permitió que ese
pensamiento del faraón, de algún creyente o no, permaneciera en el lugar que
aquello no corresponde.
El faraón le dijo a José: Yo he tenido un sueño, y no hay quien lo
interprete; pero he oído decir de ti que oyes sueños para interpretarlos.
Respondió José al faraón: No está en mí; Dios será el que dé
respuesta propicia al faraón (Génesis 41:15, 16).
Mantengamos todo claro y en su contexto real, es al Soberano al que le
debemos todo, a Él le place glorificarse en toda vida que a Él se humille y se
someta.
Cuando el profeta Daniel le reveló al rey Nabucodonosor el sueño que
este había tenido, al igual hizo saber manifiestamente que la revelación
pertenece al Señor.
Respondió el rey y dijo a Daniel, al cual llamaban Beltsasar (nombre
dado a Daniel en el reino babilónico): ¿Podrás tú hacernos conocer el sueño que
vi, y su interpretación?
Daniel respondió al rey diciendo: El misterio que el rey demanda, ni
sabios ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey.
Pero hay un Dios en los cielos que revela los
misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que
ha de acontecer en los últimos días. Estos son tus sueños y las visiones que
has tenido en tu cama... (Daniel 2:26-28).
Estos dos varones fueron usados por el Soberano Dios, igual que lo
podrían ser tantos más y lo son algunos, empero el dar toda gloria y toda honra
al Señor, se mantiene firme en sus vidas como algo que en ninguna manera jamás
debió haber tenido dado lugar; esto es a sentirse honrados o dignos de algún
mérito especial.
Pero si el Señor determina que seguirán siendo usados por su poder,
habrá medios que ha de utilizar para mantenerlos humildes ante Él, en cualquier
medida que así lo determine.
El apóstol Pablo tuvo revelaciones y un ministerio asignado con
exclusividad a Él. Empero para que la carne no interfiriera en los procesos
santos, para que la exaltación no tuviese jamás lugar, a Pablo se le dio un
aguijón o una aflicción del cual nunca fue sanado; empero la gracia de Dios era
aquello que tenía que bastarle en medio de su lluvia de pruebas, o aquella
aflicción asignada por su Creador. Y el apóstol oró como igual lo habría hecho
cualquier creyente para ser librado de condiciones que sería de gran bendición
despedir, la respuesta del Señor no tardo en hacerse saber:
Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltara, me fue dado
un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me
enaltezca; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor que lo quite de mí.
Y me ha dicho: Bástate Mi gracia, Mi poder se perfecciona en la
debilidad.
Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para
que repose sobre mí el poder de Cristo. (2 Corintios 12:7-10).
Siempre quedará manifiesto en el lugar que se está, en cualquiera que
sea el ministerio el cual se haya sido confiado, siempre quedará evidencias ya
que toda gloria y poder no dirigida a el que lo merece, interrumpe la perfecta
obra que Dios inició o dio inicio en aquél.
Dios hizo en o a través de... y a su nombre ¡gloria! sea su nombre exaltado,
sea su poder levantado. Digno sólo es el Señor, Santo y reverente es Él, todo
vaso de barro caiga a sus pies. Todo talento, don, ministerio a sus pies. Nada
nos pertenece, todo ha sido prestado. Privilegio es de poder servirle,
bendición es de poder hacer su nombre conocido a través de todo cuanto se haga.
Y porque José, Daniel y Pablo, hicieron todo para que Dios fuese
glorificado, recibieron bendiciones del Señor; porque la agenda de estos
hombres no estaba comprometida con desbalances humanos, su reverencia y honra
al Señor los mantenía siempre en balanza.
Pero el que se gloría, gloríese en el Señor. No es aprobado el que se
alaba a sí mismo, sino aquél a quien Dios alaba (2 Corintios 10:17, 18).
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