EN LA PROVISIÓN DIVINA NO HAY FALLAS (LO QUE DESCIENDE DEL CIELO ES COMPLETO)



En el camino a lo que Dios nos ha llamado nos enfrentaremos a situaciones que en instancias nos harán pensar o considerar lo difícil de la marcha y como Moisés podríamos al igual decir:
¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿Y por qué no he hallado gracia a Tus ojos, que has puesto carga sobre mí? (Números 11:11)
Aunque este hecho nunca fue o se hizo una realidad, este fue o era el sentir humano en medio de la jornada. Moisés no estaba al frente de un pueblo agradecido, o endeudado con gratitud al Señor; tristemente estaba a cargo de un pueblo rebelde y obstinado, nostálgicos por el mal y no agradecidos por las bendiciones recibidas e impartidas por el Señor.
Esto es una situación que se enfrenta ya sea a nivel personal, familiar; entre conocidos o de la feligresía misma. Ya sea a nivel individual o colectivo.
Moisés estaba conduciendo al pueblo de Israel a la tierra prometida, pero, en la trayectoria tuvo constantes encuentros y retos con la corta memoria del pueblo con los manifiestos de poder y su obstinada e ingrata manera de mirar aún con añoranza el haber sido esclavizados.  
Estallidos de gratitud, cantos de alabanzas incesantes debió de ser el hecho, pero tristemente es igual para muchos de los que el Señor nos ha liberado de nuestra antigua condición o situaciones varias.
En instancias pareciera que el llamado no representa bendición, más bien aflicción. Moisés fue seleccionado por Dios para conducir a su pueblo hacia la tierra prometida. Empero, desde el primer desafío había quedado las características marcadas que acompañarían en la travesía.
En la jornada, en atención al llamado y al ministerio encargado o entregado de Dios a nuestro cargo; pareciera un “mal”, una “carga sobre nuestros hombros”; y surge el ¿por qué? ¿Por qué no he hallado gracia a Tus ojos? ¿Por qué no has enviado todo don perfecto, que sé que son aquellos que descienden de Ti? Sin embargo, tenemos que hacer memoria, recordar o mantener este registro presente que nos has mostrado que habrá aun en Tu voluntad y en cumplimiento de Tus ordenanzas:
1.      Rebeldía de parte de aquellos a quienes socorres.
2.      Obstinación de parte de aquellos que no han querido aceptar tu total voluntad sobre nuestras vidas.
3.      Ingratitud aun en medio de situaciones de las que nos estás librando y nos has librado.
4.      Olvido de Tus bondades, misericordia.
He aquí el pueblo de Israel saliendo de siglos de esclavitud, ahora librados y atendidos por Dios mismo. Recién iniciados en su marcha hacia mejores cosas, conducidos por la poderosa mano de Dios, dejaron de ver, apreciar y considerar el hecho que su Señor los estaba guiando.
Cuando se está frente a situaciones que más bien parecieran o son un revés de lo que se esperaba, si no nos mantenemos despejados de incertidumbres, frustraciones y enfoque directo a lo comprometido, habrá gran obstrucción; ya no externo pero interno, ya no solo de aquello que nos rodea, mas, de aquello que ahora al igual en nuestro interior habita.
Fácil resulta dilucidar sobre el cómo Moisés debió, o se debe de atender contrariedades, pero, el registro de Dios en su Palabra, precisamente es para esto; para que recorramos un mejor camino y eludamos los mismos errores. En el caso de Moisés como líder las voces externas crearon un panorama de confusión, y aunque estaba hablando con el Todopoderoso, radicó en la evaluación humana de las cosas; aun cuando el Señor le hizo saber lo que haría. Y el pueblo de Israel le dio más lugar a empatía por el mal, que agradecimiento por el bien que el Señor les había extendido.  Tristemente, cometemos los mismos errores o peores. Nos sumamos a un Israel rebelde, cegados por ingratitud. Levantamos muchos nuestras voces en quejas, que en agradecimiento.
Recordemos que en medio de la presión que recibía Moisés de seiscientas mil voces quejándose, no de la ausencia de sustento, pero porque querían que se le sumara más a su dieta diaria. Acaso no es allí en donde nos ubicamos muchos, el Señor determina o dictamina y en medio de lo que ha ordenado o brindado nos quejamos: no es suficiente, agrega algo más. Prefiero esto, es preferible aquello.
Examinemos:
a.        La provisión suministrada por el Señor al pueblo de Israel tenía todas las propiedades nutritivas que era necesario en aquella etapa en la cual estaban. Si hubiese sido necesario algo más, lo habrían recibido.  Igual resulta para nosotros, lo que el Señor ha provisto en cualquiera que sea la etapa en la que nos encontramos, es lo apropiado, es lo indicado, es lo necesario. No se requiere más, ni se requiere menos. Es la justa medida. La porción procede de Dios, y el Señor no necesita que lo instruyamos o le demos lecciones en nutrición, economía o de cualquiera otra faceta nuestra en la vida. Si estamos al cuidado de Él recibiremos de parte del Señor exactamente lo que necesitamos. La provisión estará, el sustento diario estará; aunque no necesariamente nos agrade el menú, mas, el hecho es que lo sirvió Dios; y nuestro Padre celestial sabe exactamente qué es lo que necesitamos. Aquí no era necesario citar, “pedid y se os dará.” Pero sí es aplicable decir, “vuestro Padre celestial sabe de qué tenéis necesidad”.
Tenemos, debemos de ser agradecidos con Dios con todo cuanto su humanidad nos brinda, ofrece o concede. No es un pecado esforzarnos o extendernos para lograr, alcanzar metas. Sea esta educación, finanzas, etcétera.  Empero, el no ser agradecidos con lo que nos concede es ubicarnos en lugar de conflicto espiritual. El no tener la madurez espiritual suficiente para entender y determinar que, aunque no entienda ciertos aspectos del proceder del Señor, declarar y aceptar que es necesario.
 Fue Dios quien determinó aquella dieta, mas su sentir “codicioso” lo llama la Palabra (v.34) fue la causa de su muerte. Y cuando Dios se dirige a Moisés y le hace saber que les daría carne un mes entero (v.20), hubo de parte de él una voz de duda, incredulidad hasta cierto punto. En ese momento no estaba pensando o discerniendo espiritualmente con claridad y le preguntó al mismo poderoso Dios que ante él hizo grandes maravillas y dividió el Mar Rojo. ¿Habrá suficientes ovejas y bueyes? ¿Habrá suficientes peces? Este fue el mismo Moisés que manifestó hacía un corto tiempo: “No temáis; estad firmes y ved la salvación que Jehová os dará hoy… (Éxodo 14:13).
Muchos hemos estado allí, declarando las grandezas del Señor, y habiéndolas vivido una y otra vez. Pero se presenta una situación que permitimos que nos desarme de nuestra fe y confianza. No solo fue un momento este para Moisés, allí hemos estado muchos y tristemente aún estamos muchos.
Mas, a su duda, confusión, el Señor le responde:
¿Acaso se ha acortado la mano de Jehová? Ahora verás si se cumple Mi Palabra, o no. (v.23)
La Palabra nos insta a que hagamos memoria, que mantengamos siempre presente las maravillas del Señor:
a.      1 Crónicas 16:12- Acordaos de las maravillas que ha hecho, de sus prodigios y de los juicios de su boca…
En todas las direcciones esto es un recuento o registro triste de lo que aconteció al pueblo de Israel. Hubo una provisión del Señor a consecuencia de sus quejas contra Él, querían carne, comieron carne; pero, no procedía de la voluntad de Dios para con ellos. No era momento de carne, lo prescrito en esa hora era maná.  Comieron aquello pedido, empero, comieron un suministro que trajo sobre ellos la ira o el juicio de Dios.
Cuando el Señor ha indicado que debemos estar comiendo maná y nosotros en nuestras quejas e ingratitud anhelamos o buscamos añadir lo que no ha concedido o autorizado el Señor en aquel momento; despertamos una ola de adversidad que nunca fue necesario, sin embargo, nuestra obstinación lo ha engendrado. Con consecuencias devastadoras que solo enmarcará lamento y tristemente destrucción, como ocurrió con el pueblo de Israel.
El pueblo de Israel recibió lo que pidieron, pero con juicio o castigo. Dios no puede nunca bendecir lo que no autoriza. Una petición fuera de tiempo nunca podrá ser de bendición. Israel estaba en la etapa de maná, no era necesaria la carne.
Cuando Dios determina que un período es de espera, esperemos. Cuando nos indica que es de acción, procedamos con toda confianza, porque será, ya es un hecho; nada lo impedirá.
La complejidad en este pasaje fue o es:
1.      No estar satisfechos con lo que Dios había determinado para aquella etapa.
2.      Dejar de ver o apreciar la provisión de sus manos divinas, añorando algo más.
3.      Aunque no tenían lo que querían, obtenían lo que necesitaban.
4.      Entretenerse en lo que se desea, nos hace perder apreciación por lo que se tiene, así es, lo presente, lo tangible.
5.      Maná es suficiente si así lo indica el Señor. Esto es, cualquiera que sea la porción que el Señor nos ha provisto recibámosla con gratitud y entera confianza en sus medios para con nosotros.
Podemos perder perspectiva o la sensibilidad espiritual aun siendo guías o líderes. Moisés habiendo escuchado del Señor, lo cuestionó. Dios no dijo trataré…el Hacedor nunca trata, todo en Él ya es un hecho.
Cuando el juicio de Dios opera en muerte o destrucción y no disciplina, es de entender y aceptar que el tiempo ya estaba agotado. Que ya no habría cambio y que la condición actual solo iría agravándose o incrementando. Lo triste en el juicio de nuestro Señor es que, aun amándonos, tiene que ser un Dios de justicia y no puede negar esa deidad.
Empero lo que hemos podido examinar hasta este punto es la obstinada naturaleza aferrados a lo contrario que el Señor nos ha preparado o presentado. Al igual podemos apreciar como al estar rodeados de situaciones que nos pueden y distraen de nuestro entendimiento y sensibilidad espiritual, siempre representará y es una pérdida.
Hay etapas que enfrentaremos, atravesaremos; pero lo importante en todo ello es, reconocer y aceptar la guía y provisión del Señor a través de ellas. No desear correr cuando nos ha indicado que tenemos que caminar. No anhelar caminar cuando nos ha declarado que corramos. Somos nosotros como pueblo que tenemos que alinearnos con lo que dictamina Dios, somos nosotros los que tendremos y tenemos que hacer ajustes.
Si maná es la porción, comeré; me deleitaré, lo aceptaré. Aunque en mi mente pudiese concebir miles de cosas más, entiendo Señor que nos estás, me estas conduciendo hacia aquel lugar en donde recibiré de Ti, tanto más.
Sujeción al Señor siempre producirá bendición. La provisión del Señor no tiene que ser variedad o abundancia, puede ser por Él determinado maná. Y si esto es lo provisto por el Padre, ¡Bendito seas por siempre Señor!



Aunque solo fuese Maná


¡Oh Dios! cuando veamos el maná, que te vea a Ti;
Cuando de ella me nutra, que me llene de Ti;
Cuando mi pensamiento divague, que retorne a Ti;
Que no pierda perspectiva,
De todo cuanto has hecho,
Haces por mi bien.

No es el maná, no es la porción;
Es quien ha provisto, y se acuerda de mí;
No es la abundancia, o todo lo demás;
Es el poder estar agradecido, aún en la adversidad.

Israel es un reflejo, de nuestra humanidad;
De nuestros constantes flagelos, debilidad;
Es el estado, que aún muchos tomamos,
Olvidando, tu bondad;
Relegando, Tu plan perfecto,
Hacia donde, nos conducirás.

Señor, es estar agradecido,
 Aunque no haya variedad;
 Después que hayas provisto,
 ¿Cómo no alabar?
Y aunque no hubiese,
 Hacer memoria y entonar,
 Lo que de Ti espero,
 Y que no nos, has de abandonar.

Que el maná, no sea la razón,
Que falte, a Ti mi adoración;
Empero, que esta despierte, en mí siempre,
Alabanzas, a mi Dios.

Comentarios

Entradas populares de este blog

EN LA PROVISIÓN DIVINA NO HAY FALLAS (LO QUE DESCIENDE DEL CIELO ES COMPLETO)

EN VASOS DE BARRO NO DE ORO (EL TOQUE DE DIOS ES LO QUE HACE TODA LA DIFERENCIA)

UNA VIDA INCUMPLIENDO NO COSECHA EL CIENTO POR UNO (CUANDO LO ESENCIAL ESTÁ – YA ES SU REALIDAD)