EN LA ETERNIDAD CON EL SEÑOR (CONTINUO INICIO)
Salmo 16:11…en Tu presencia hay plenitud de gozo,
delicias a Tu diestra para siempre.
En la presencia de Dios hay totalidad de gozo. Gozo es
complacencia, gozo es deleite; es animación o estar vivificados, en donde su
duración será eterna. No tendrá variantes aquel gozo, no habrá oscilantes; hoy,
mañana y por siempre así será. Esto no es un cuento de hadas, es una realidad
para todo aquél que ha sido renovado, transformado, salvado por la sangre de
Cristo; con Él, este es el destino final.
No hay forma en
que nuestro estado de eternidad pueda tener contrariedades en ningún aspecto y
cuánto más en lo que respecta a nuestro estado anímico. El aspecto humano ya no
será y nuestra vida glorificada en Él habrá retornado a lo que siempre debió de
ser.
En la presencia del Señor no habrá necesidad de
variantes, ¿cómo poder creer que habrá necesidad de tener algo más para poder
ocuparnos en la eternidad? ¿Qué podría faltar?
Siendo la presencia de Dios una plenitud, esto implica
que no hay forma de medirlo, enumerar o clasificar. Es como si fuese un
destello de su luz y se tratara de recorrerlo de principio a fin. Pero ¿cómo
recorrer aquello que procede de Aquél que no tiene principio, ni fin? Solo su
presencia, o en la presencia de ella hay plenitud; esto significa que no hay
medida para ello, no existen cifras, es pues infinito.
Lo único que realmente representa un inicio espiritual
es el llegar a la eternidad, pero de allí:
1. Nunca dejaremos de entrar en
la gloria del Señor
2. Nunca se presentará el día que
podremos expresar que ya se ha visto o recorrido. ¿Cómo se pudo haber ya visto
o recorrido lo infinito?
3. Estar en la presencia de Dios
jamás será un camino ya conocido, siempre será un nuevo día, un nuevo amanecer.
Siempre se estará iniciando, no algo ya visto; empero lo que siempre será es
algo nuevo, jamás podrá decrecer el interés.
4. Nunca se abrirá una puerta
espiritual en donde tendremos que decir ya lo recorrí.
5. Siempre se estará al umbral de
la puerta celestial, nunca dejando de entrar.
Cuando Moisés le pidió al Señor que le mostrara su
gloria, Dios le respondió: “ningún hombre podrá verme y seguir viviendo” (Éxodo
33:19, 20).
Solo en la eternidad, en esa vida eterna podremos
tener un inicio y siempre será un inicio o una introducción de su gloria.
Porque cada vez será un volver a empezar, no en forma repetitiva. Igual que el
río que al ella recorrer su sendero, nunca de esa porción de la corriente se
volverá a beber. Dios seguirá siendo Dios, y nosotros sus adoradores,
servidores. Siempre estaremos como cuando hemos iniciado. Cansados de iniciar,
no; gozosos de haber iniciado un recorrido que nunca finalizará o dejará de
empezar. Nunca podremos si quiera conceptuar lo que es el nunca dejar de
iniciar, aquello que será un flujo continuo, y aquello que no tiene un final.
Eso es estar en la eternidad, en la presencia de la gloria de nuestro Dios que
es “como las aguas cubren el mar” (Habacuc 2:14).
Si los cuatro seres vivientes que tenían cada uno seis
alas, alrededor y por dentro estaban llenos de ojos, y estos seres (seres
angelicales) día y noche, sin cesar decían:
¡Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el
que era, el que es y el que ha de venir!
Y cada vez que aquellos seres vivientes dan gloria y
honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los
siglos de los siglos. Había veinticuatro ancianos que se postraban delante del
que está sentado en el trono y adoran al que vive por los siglos de los siglos,
y echan sus coronas delante del trono, diciendo:
Señor, digno eres de recibir la gloria, la honra y el
poder, porque Tú creaste todas las cosas, y por Tu voluntad existen y fueron
creadas (Apocalipsis 4:7-11).
Ni aún en la declaración continua de los cuatro seres
vivientes, angelicales y los veinticuatro ancianos que se postran delante del
Todopoderoso. Nunca podría ser una labor agotadora porque tienen la fortaleza
del Señor, y la proclamación continua nunca podrá cesar, porque siempre es y
seguirá siendo aquel hecho, la misma proclamación. Por ende, cada anuncio de
ello, jamás pierde valor y mucho menos poder caer en monotonía. Porque en la
gloria de su presencia solo se puede adorar y alabar, esto es lo que provoca o
exige su presencia. Al igual es importante destacar el hecho, que la adoración
y la alabanza, nunca se ha de reciclar, siempre habrá una nueva cada mañana.
a. Salmo 33:3 Cantadle cántico
nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo.
Si aquí en la tierra se nos exhorta que esto sea
nuestra práctica, cuánto más que en el cielo esto es la norma.
b. 2 Corintios 4:16…el hombre
interior no obstante se renueva de día en día.
En el plano espiritual la renovación es continua, no
hay envejecimiento; hay mejoramiento, crecimiento. Es el hombre interno el que
habitará la eternidad, es aquella vida transformada por el poder de Dios a través
de su Hijo Jesucristo, el que hizo la obra, esta obra se renovará por toda la
eternidad.
c. Salmo 84:5 Bienaventurados los
que habitan en Tu casa; perpetuamente te alabarán.
Perpetuo es aquello que no tiene pausa, no tiene otra
agenda. Alabanza continua es la agenda. Porque felicidad es alabarlo, gozo es
servirlo, la humillación será la adoración, la adoración será el único medio de
nuestra existencia, porque estar en su presencia es la continua paz y descanso
que siempre se tendrá.
d. Salmo 84:7 Irán de poder en
poder; verán a Dios en Sion.
Nuestras fuerzas humanas y espirituales sufren estos
cambios a través del Espíritu de Dios, y esto es porque estamos en camino de
ver a Dios en Sion. Ahora bien, estando ya en Sion y frente a Dios. Estaremos
frente a poder, el poder está sobre nosotros y dentro de nosotros, este poder
no será interrumpido. Y nuestra adoración y alabanza irán de más a más, y
más…más. Entenderemos lo que es siempre vivir en un crescendo (en aumento) en
términos espirituales, ante nuestro Todopoderoso.
¿Cómo dejar de
anunciar, de publicar lo último en plana espiritual? Y ¿Cómo no adorar ante su
presencia? ¿cómo no estar postrados y declarar su santidad, eternidad?
La Palabra de Dios es como ríos de agua viva, y cuando
esta habita en nosotros. Siendo nuestro despertar, hablar:
a. Isaías 58:11 Serás como un
huerto de riego, como un manantial de aguas, cuyas aguas nunca se agotan.
Cuando estemos ante Él, siempre tendremos sed. Y lo
tomado, ya haya sido hace un momento o ayer tendrá su propio efecto. Si el
manantial de aguas nunca se agotará, ¿cómo podrá agotarse la plenitud de su
gloria? Un manantial de aguas que nunca se agota, es el preludio, la obertura; es
la introducción a todo cuanto nos espera.
Beberemos de esa agua que se transformará en gloria, y
nuestra sed nunca será saciada. Siempre en su presencia, siempre bebiendo.
Empero, cada vez será un mejor vino, en el sentido de ser todo aquello
transformado a algo que siempre incrementará, todo aquello bajo la dirección de
Dios, sus leyes, estatutos, cambia o recibirá cambio en su estado.
Juan 2:7, 9, 10- Jesús les dijo: Llenad estas tinajas
de agua. Y las llenaron hasta arriba.
Cuando el
maestresala probó el agua hecho vino, sin saber él de donde era…
…mas tú has
reservado el buen vino hasta ahora.
Esto fue el primer milagro de Jesús en unas bodas en
Caná de Galilea. La boda en la cual estaremos presentes será en las bodas del
Cordero Inmolado. Hubo una transformación de agua en vino. Nosotros habremos
sido transformados en perfectos adoradores. Con la presencia de Cristo en
nuestras vidas hay transformación, en la presencia de Dios, será eternamente perfección.
Nada dentro de los términos que ya se haya
experimentado será el encuentro, recordaremos nuestra adoración, mas, en nada
se comparará a lo que es estar librado de toda limitación que lo permitiera
hacerse en toda su extensión.
Todo cuanto estuvo en la esfera del plano humano, fue
una antesala a lo que sería habitar con Él para siempre en gloria.
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