CUANDO DIOS NOS CONFRONTA ¿HAY ARREPENTIMIENTO?




1.     Confrontación y arrepentimiento:

En el pecado de David con Betsabé, una mujer casada con uno de los soldados de su ejército, y la muerte de Urías, esposo de Betsabé, que él orquesto para encubrir su falta, al quedar la mujer embarazada. A raíz de todo esto fue confrontado por el profeta Natán por el mal en la que incurrió y hubo arrepentimiento.
Fue y es condenatorio todo lo que hizo y se hace referencia al pecado cometido con todas sus implicaciones. Mas, Dios al confrontarnos lo hace con diferentes medios y voces como el profeta Natán; pero, para muchos el camino aún no es de arrepentimiento. Se prosigue en la marcha como si todo estuviera en su curso normal.
David igual que muchos de nosotros, tratamos de correr lo más que podamos con hechos o acciones que sabemos que nunca debió de haberse suscitado, empero tristemente se le dio vida. Y aunque el Espíritu de Dios nos constriñe o exige arrepentimiento, continuamos nuestro camino como si el Señor no ha hablado; o como si nada hay para ordenar en nuestras vidas.
¿Cuáles serán las argumentaciones que nos presentamos en lo interior? ¿Qué será aquello que nos mantendrá en aquella posición de intransigencia, obcecación ante la voz de Dios? La Palabra de Dios lo define como rebeldía, sí un espíritu de rebeldía.
David como hombre pecó, hizo aquello que detalla la Palabra de Dios. Sin embargo, hizo algo que lo identificó claramente como oveja de Dios. Cuando la voz de Dios llegó y lo encaró con su pecado, se arrepintió, admitió su falta y se sometió al Señor.
No buscamos en lo absoluto atenuar el mal en la que incurrió David, pero al igual no debemos dejar de examinar lo que debe ser la acción inmediata de un hijo de Dios ante sus faltas. Justificar nuestras acciones es continuar en ello, aprobación personal es perpetuar en ello; el cual es un indicio claro que aquello que más pesa en la balanza personal, es lo que son mis intereses, que aquello que el Señor ordena y exige de los suyos.
Siempre resultará cómodo mirar en el rostro de otros y ver sus faltas. Siempre resultará fácil decir que no debieron de haber hecho esto o aquello.
Desde el momento que incurrimos en quebrantar las leyes de Dios, nuestras acciones nos acusan; la acción inmediata debería ser confesión y arrepentimiento. Empero en instancias debido a la complejidad o intensidad de lo que representan las acciones, está el intento de mantenerlo oculto. Manteniendo así castigo de opresión que conlleva la falta. 
La pregunta imperante realmente es: ¿en dónde me ubican mis acciones? Cuando somos confrontados por el Espíritu de Dios, exactamente cuál es mi clasificación:
1. aceptación y cambio.
2. rebeldía, terquedad.
Igual sería decir, sé lo que exige Dios, mas, sé lo que deseo anteponer y son mis intereses. ¿Habrá alguno que podrá ver su rostro en este espejo? O ¿preferible es no detenerse a considerar? Ya que así la marcha no se interrumpirá en el desenfreno y la desobediencia a Dios.
David obró mal en su proceder, indiscutible es; pero, su reconciliación con Dios fue más importante que su agenda personal, que en un momento tuvo dominio y amargos desenlaces. 
Axioma: el camino de reconciliación es arrepentimiento. Igual resulta que la vía a destrucción es obstinación.
Poder ver en el rostro, en las acciones de otros su error y lo que sus acciones merecen; es un sendero que se recorre con cierta facilidad. Pero, poder admitir, reconocer o aceptar la culpabilidad en dado asunto; es un giro que no todos pueden o están dispuestos a dar. Hay diferentes reacciones que examinados a la luz de la Palabra, estos nos ayudan a ver varias de las características humanas que prevalecen durante los procesos en que Dios nos confronta y nos permite ver nuestras debilidades o tendencias.
Examinemos:
2.     Confrontación y ninguna acción:

El rey Saúl a los dos años de su reinado sobre Israel, tenía que enfrentar a uno de los pueblos enemigos de Israel, los filisteos (1 Samuel 13:1-3). Empero, el profeta Samuel le había instruido anterior al encuentro con los filisteos en profecía que él, Saúl descendería antes que él a Gilgal; pero que después él llegaría para ofrecer los holocaustos y sacrificios u ofrendas de paz. Y que debería esperar por él siete días, hasta que se volvieran a encontrar y le enseñaría lo que tendría que hacer. (1 Samuel 10:8)
Sin embargo, Saúl esperó siente días, conforme al plazo que había fijado Samuel, pero el profeta no llegaba a Gilgal y el pueblo estaba temeroso. Saúl en desesperación y desobediencia, se atribuyó cargos que sólo les correspondían a los profetas o sacerdotes.
Saúl pidió que se le trajera los holocaustos y las ofrendas de paz y ofreció el holocausto. Y cuando acababa de hacer aquello vio a Samuel que venía, y Saúl salió a su encuentro para saludarlo. A lo que responde Saúl: vi al pueblo que se impacientaba y que tú no venías dentro del plazo acordado, mientras que los filisteos estaban ya concentrados. Y no quería que el encuentro se diera sin haber implorado el favor de Jehová. Así que me vi forzado a ofrecer el holocausto.
Para la acción tomada de Saúl solo hubo reprensión, ya que había infringido gravemente el mandamiento de Jehová y debido a ello. Un reino que pudo tener una durabilidad eterna, a consecuencia tendría una corta estabilidad (1 Samuel 13:6-14).
Dios confrontó a Saúl, pero este nunca dispuso humillarse ante Dios. Escuchó, pero no hubo arrepentimiento en él. ¿Cuántos nos asemejaremos a esta condición? Totalmente cerrados a lo que dice Dios, se informa las consecuencias de las acciones, mas, indiferentes a ello se prosigue.
Si hubiese habido otra acción de parte del rey Saúl, si hubiese habido un celo real por las ordenanzas de Dios; nada de esto habría acontecido.

¿Qué será con lo que nos confronta Dios en estos precisos momentos? Mientras que a la luz de su Palabra estamos examinando la tendencia de aquél que no es lo suficientemente capaz de admitir y corregir su camino de error.
a.      David no pudo corregir el mal efectuado, pero hubo en él real arrepentimiento. ¿Ha sido esta la acción que hemos tomado, o, aún lo estamos considerando?
b.     Nada podía hacer David para restituir aquella acción tomada, pero lo que hizo fue volver al redil de su Pastor. ¿Ha habido departe nuestro un retorno a lo que ordena Dios?
c.      Su comunión con Dios había sido interrumpida mientras permanecía en su estado de haber violado la ley del Señor. Pero tan pronto hubo confesión, hubo restauración. ¿Has sido ya restaurado, o, la confesión está aún pendiente?
David pudo haber tomado el camino de prepotencia, soy el rey, estoy por encima de todo hombre. Esta pudo haber sido la triste y destructiva vía que pudo haber tomado, en contra de Dios y de su alma. Muchos tomamos este camino, el Señor nos está confrontando con una situación dada, pero adherido a ello muchos proseguimos nuestra marcha. 
Pero, lo que David tomó fue el camino de humillarse ante Dios, de aceptar la autoridad sobre su vida; y así fue restaurado o devuelto al redil de los que profesan amar al Señor.
Axioma: La relación con Dios es un hecho, pero mantenerla es otro reto. Ya que esta depende de nuestra admisión en todo aquello que sabemos que nos ha separado de aquella comunión o relación con Él.

3.     Confrontación y enojo:

Dios se dirige al profeta Jonás y le hace saber, que desea que vaya hacia Nínive, una gran ciudad, y que clamara contra ella, porque su maldad ha subido hasta Él. En respuesta a la orden del Señor Jonás decide huir de la presencia de Jehová y en aquel fallido intento trata de dirigirse a Tarsis. Se embarca y en camino está, mas, el Señor levanta un gran viento en el mar, una grande tempestad que amenazaba con partir la nave. En respuesta a lo que allí acontecía lo marineros temerosos clamaban a su dios. Mientras ellos clamaban, Jonás dormía en el interior de la nave. Lo despertaron y le pidieron que clamara a su Dios. Luego echaron suerte y cayó sobre Jonás, el cual les explica que él huía de la presencia de Jehová. Y al igual les explicó que para que ellos no perecieran que lo lanzaran al mar. Lucharon para no tomar aquella acción, empero, luego de pedir misericordia a Dios de no tener que perecer por culpa de Jonás, lo lanzaron al mar y se aquietó. Un pez lo tragó y Dios le ordena al pez que lo vomite en tierra.
Vuelve la voz por segunda vez a Jonás para que se dirigiera a Nínive, esta vez obedeció y predicó sobre el juicio de Dios sobre ellos si no se arrepentían. Todos se arrepintieron.
Sin embargo, en medio de esta campaña de salvación, el predicador no estaba feliz con el resultado. Jonás se disgustó en extremo, estaba enojado. Y reclamó al Señor por su misericordia, clemencia y piedad para con ellos. Qué triste realmente resulta cuando nosotros creemos que podemos determinar quién es o no es digno del perdón del Señor. Quién debe ser salvado y quién debe ser lanzado al infierno. Gloria a Dios, que nadie tiene este privilegio, sólo el Creador.
Este hombre temperamental y ofuscado por su enojo, le pidió al Señor que le quitara la vida. A lo que le responde Dios ¿Haces bien en enojarte tanto?
Sale Jonás de la ciudad y acampa hacia el oriente del lugar, hizo una enramada para resguardarse del sol, para poder apreciar lo que sucedería en la ciudad. El Señor dispuso que creciera una calabacera sobre Jonás para que su sombra le cubriera la cabeza y lo librara de su malestar. Esto le alegró mucho a Jonás. Pero al amanecer del día siguiente Dios envió un gusano para que dañara la calabacera, y se secó. El sol hirió a Jonás en su cabeza y se sintió que se desmayaba. Pidió nuevamente morir. El terrible genio de Jonás respondía al Señor, que su enojo era hasta la muerte.
El Señor lo confronta ante su lástima por una calabacera que de una noche nació y en espacio de otra noche pereció. El cual no trabajó, ni la hizo crecer. Y esto te indigna. ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales? No tienen uso de razón, no tienen un sano juicio.
Lo que quedó ante el profeta Jonás fue que Dios tiene misericordia sobre el converso rebelde o profeta rebelde y temperamental, al igual que lo tiene sobre el inconverso. Lo tuvo sobre la embarcación y sus tripulantes, lo tiene al igual sobre los animales.
¿Habrá algún parecido en nuestra rebeldía o temperamento confrontados por Dios? No queriendo aceptar sus razones de obrar y hacer lo que hace.

4.     Confrontación y admisión:

En el primer capítulo del libro de Job hay un escenario de una tragedia tras otra sin permitir tregua alguna. Ya que, en medio de un reporte trágico, dice la Palabra se presentaba otro, tras otro. Posesiones o riquezas perdidas de un hombre sumamente acaudalado; y lo último fueron sus hijos e hijas. Todo esto aconteció cuando Dios autorizó a Satanás que podría tener acceso a ello, solo que no podría tocar o poner su mano sobre él.
A consecuencia de todo lo ocurrido y de voces que se levantaron para expresar, decir cosas que no enteramente podía sostenerse.  En medio de todos estos acontecimientos interviene Dios y le responde a Job sobre sus hechos maravillosos. Lo confronta con preguntas que respondían a su vez en las limitaciones que tenemos para entender o si quiera considerar todo aquello que se lleva a cabo en medio de situaciones que el Señor permite. A lo que responde Job a la confrontación del Señor:
a.      Reconozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que te sea oculto.
b.     ¿Quién es el que, falto de entendimiento, oscurece el consejo? Así hablaba yo, y nada entendía, eran cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía.
c.      Escucha, te ruego, y hablaré. Te preguntaré y tú me enseñarás.
d.     De oídas te conocía, mas ahora mis ojos te ven.
e.      Por eso me arrepiento en polvo y ceniza. (Job 42:1-6)

Axioma: la confrontación de Dios es para concedernos una mayor bendición al actual estado.
Dios confronta a todo hombre, pero cada reacción difiere.

Gloria a Dios por su paciencia para con todo hombre, ya que de no ser así ¿dónde estaríamos?

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