DOS EXPECTADORES ¿CUÁL GLORIFICA A DIOS?

 

Resulta sumamente interesante, dos espectadores ante el despliegue de los medios diseñados por el hombre para poder alcanzar, ver las galaxias, los astros, el espacio sideral.

Un grupo de los espectadores glorifican a Dios por su grandeza, y otros que miran al hombre maravillados por su capacidad, logros, esfuerzos, el cual tiene su valor, pero, cuando les impide glorificar al que le ha provisto al hombre de aquella capacidad, he allí el peligro. El conocimiento del hombre no proviene de elementos al azar o de accidentes. La capacidad, la inteligencia, proviene del Autor de la vida, irrelevante es lo que crea el hombre o acepte el hombre, sólo hay un Creador y su nombre, el Todopoderoso, único Dios.

Cuando el código del “ADN” fue resuelto, uno de los científicos responsables del logro, arribó finalmente al camino de fe y aceptación de la existencia del Creador.

Inició como uno de los espectadores que descansaban en su intelecto, conocimiento; pero, pudo desembarcar en los brazos de su Hacedor.

Cuando se puede tomar únicamente los beneficios, sin interesarse en quién los capacita o los capacitó, se está operando en contra del Todopoderoso. Se está en una posición de absoluto o independiente ante Él.

Hay instancias que al igual que Pablo, se está cabalgando en dirección no para la gloria de Dios, empero para la suya o alguna otra agenda, y al igual que Pablo el Señor se verá en necesidad de detenerlo por estar en contra de lo que Él representa.

Cuando Pablo por varias circunstancias que atravesó relatado en el capítulo nuevo de Hechos, ante todo lo acontecido sólo pudo decir porque entendió que nada de lo allí acontecido pudo ser una situación aleatoria o accidental:

·         ¿Quién eres, Señor (pregunta de Pablo)? Y le dijo: Yo Soy Jesús, a quien tú persigues: dura cosa te es dar coces contra el aguijón (Hechos 9:5).

“Dar coces contra el aguijón...” la expresión proverbial ilustra la imagen de un buey que da patadas contra la misma aguijada (aquello que lo aliciente), al que el boyero le da uso para que avance precisamente el animal. Y es contra aquello que presenta su rechazo.  ¿Qué será aquello del cual el hombre se podrá jactar que no le deba al Señor?

Si todo cuanto se hace o en lo que se está involucrado, no representa ni glorifica al Salvador, se está cabalgando en contra de Él.

Al igual se puede transitar en el recuerdo de aquel viaje en donde los astronautas por primera vez apreciaban dimensiones que jamás hasta ese momento y en aquel lugar ningún otro hombre pudo apreciar, y de los que allí estaban uno de ellos, aquel espectador tuvo que dejar manifiesto sobre la existencia y la grandeza del Hacedor ante todo aquello.

Todos expuestos a tecnología, edificaciones, producciones que dejan maravillados por la capacidad y conceptuación humana.

Empero, sólo un espectador en medio de todo cuanto lo rodea, todo aquello que lo podría tener atrapado en materialismo, egocentrismo, intelectualismo, adulación humana; sólo aquel espectador podrá evitar la caída en ese abismo de autosuficiencia y total independencia de Dios, al jamás dejar de contemplar al Creador, al Hacedor de toda buena dádiva, como lo hizo David.

·        Cuando veo Tus cielos, obra de Tus dedos, la luna y las estrellas que Tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites? (Salmo 8:3).

Ante la grandeza, el reconocimiento de su poder y autoridad, qué más se podría siquiera mencionar aquello que declare lo inmerecedores de todo aquello que es el hombre ante la gracia o los favores del cual ningún hombre es merecedor.

 

·        Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos (Salmo 19:1).

Es imposible contemplar el firmamento y únicamente creer que todo aquello fue hecho o logrado de una gran explosión. Lamentable es para aquel que allí habita, empero, las Sagradas Escrituras declaran que son obras maravillosas de sus manos, el Arquitecto divino.

 

·        Por la Palabra de Jehová fueron hechos los cielos; y todo el ejército de ellos, por el aliento de su boca (Salmo 33:6).

Autoridad es Él, todo es de su autoría, los cielos, todo lo que habita en ello y debajo de ello, del aliento de su boca fueron hechos, lo ordenó y así se hizo.

 

·        porque ¿Quién en los cielos igualará a Jehová? ¿Quién será semejante a Jehová entre los hijos de los poderosos? (Salmo 89:6).

El único, eterno Dios verdadero, el que está sobre todo, el único Rey y Soberano es inigualable, nada se le asemeja al Omnipotente o Supremo.

 

·        Desde el principio Tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de Tus manos (Salmo 102:25).

Los cielos declaran su gloria, su creación habla al hombre de su grandeza, lo hace considerar cosas demasiado grandes que no le es posible entender, mas, sí considerar. Cada cual de una manera u otra lo hace pensar o considerar grandeza.

 

·        Los cielos son los cielos de Jehová, y ha dado la tierra a los hijos de los hombres (Salmo 115:16).

Todo hecho con una finalidad, nada fue creado por error; el hombre ubicado por el Hacedor en la tierra para que pudiese hacer provecho de aquello que le ha concedido, el cual está abastecido de lo que siempre necesitará en su condición de hombre.

·        ...el cual hizo los cielos y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay (Salmo 146:6).

Todo cuanto acontece debajo de los cielos, cada logro, aporte, creación o inventos, no son eventos aislados del Señor; estos son manifiestos de la capacidad que Dios ha dado al hombre.

Este hecho debería estar enteramente claro para los espectadores cristianos, empero, muchos se unen a los otros espectadores honrando y casi idolatrando al instrumento usado por el Creador y Señor.

Toda gloria, honra y alabanza, a Dios pertenece.

·        Si alguna habla, hable conforme a las Palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén (1 Pedro 4:11)

·        ...al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y poder, ahora y por todos los siglos. Amén (Judas 25)

 

¿Cuál de los espectadores o presentes es usted? ¿Aquél que alaba a Dios por todas sus maravillas o se deleita perdidamente en el ingenio del hombre?

 

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