EL PENSAMIENTO IMPERANTE PARA EL CREYENTE (NO ES ELECTIVA – ES FORMA DE VIDA)

 

Cuando no se despoja de aquello el cual debería ser el pasado, continuará ocupando aquel lugar prominente que lo espiritual y lo bendecido le pertenece. Por ello se ordena al creyente:

·         Efesios 4:8-En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está corrompido por los deseos engañosos, renovaos en el espíritu de vuestra mente...

Este es el renuevo o la renovación del espíritu que debe de regir en nuestra mente, esta es la transformación que debe de imperar y que es la realidad por la transformación del poder de Dios entre los suyos:

·         Filipenses 4:8-...todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad (considera esto, imagina o crea, provoque aquello en su marco de pensar, medite en ello).

Cuando se medita, se está profundizando, reevaluando, repasando; se delibera entre lo que es mejor hacer, se hace un incremento o se permite que madure el concepto en el pensamiento. Para el creyente esto implica hacer aquello que agrada a Dios, que se traduzca a bendición para sus vidas como al igual será para la vida de otros.

El versículo anterior al que se está examinando, hace alusión a la angustia el cual envuelve ansiedad, zozobra, impaciencia, inquietud; todos estos elementos destructivos para cualquier vida. Hacia el pueblo de Dios la voz activa es, por nada se debe de estar o confinarse a una condición angustiosa, esto es ansiedad, desvelo, desesperación. Estos pensamientos o condición, estado mental, no se debe de entretener o de alimentar para su proliferación o expansión, es aquí en donde se adhiere o se coloca la respuesta a lo que se debe de hacer, y la práctica que debe de prevalecer en el pensamiento o en la ejecución de acciones para el creyente.

En vez de entretener la angustia, el cual es una interacción de desesperación consigo mismo y exteriorizado a otros que posible sea no lo podrán resolver o ser de gran ayuda; presente, comunique al Señor aquella ansiedad, el cual sí resuelve y tiene respuesta para toda situación o condición. Y al acudir a Él en la plegaria o en la oración, ruego, hágalo en agradecimiento por aquella fe y total confianza en lo que ha de hacer, está haciendo y hará. Agradézcale porque la causa está en sus manos, la solución en Él está.

Examinemos:

La esperanza en el Señor no puede ser, ni es incertidumbre; sino que es un sentido de descanso en la voluntad de Dios en medio de aquello existente o presente que ha tenido aquel momento, aquel lugar. Aquello que infunde su Espíritu Santo es deleite o alegría al hacer memoria de sus pasadas bondades y fidelidad. Al igual habrá situaciones que tribulación será y en el cual habrá o se estará en sufrimiento o una fuerte prueba, sin embargo, en respuesta a aquella condición, aquella gloriosa esperanza de lo que Él hará, lo que dispondrá, aquello que enviará; y la respuesta siempre será y es bendición, gozo en el Señor.

Aquella constancia en la oración mantendrá fluyendo de su gracia y misericordia sobre aquella vida, no dando lugar a que las emociones humanas, que, de ubicada en la desesperación, Dios hará llegar aquel descanso o reposo en Él.

·         Romanos 12:12- ...gozosos en la esperanza, sufridos en la tribulación, constantes en la oración.

 

Jamás existe un momento en la que no se deba vivir en una vida oracional ya sea en agradecimiento, intercediendo, buscando más de su presencia.

En toda temporada de la vida, es el mejor tiempo para la oración.  Y el estar siendo guiados por el Espíritu Santo en las plegarias para que sean aceptas, y velando o en espera a través de ella en la perseverancia y súplica por el pueblo santo, presentando aquellas peticiones que lo exalten o mantengan en armonía con los propósitos divinos.

·         Efesios 6:18- Orad en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velad en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos...

 

         Una vida oracional es una vida en vigilancia, en constante búsqueda de la acción divina o su intervención en aquello el cual se le ha presentado o peticionado. Y en medio de ello agradecimiento al Señor por su mediación en los resultados que lo glorificarán y darán lugar a sus propósitos santos en todo ello.

·         Colosenses 4:2- Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias.

 

         La oración en medio de aquello que mientras se esté en este plano humano se dará, se presentará, debe de ser la norma constante. Y en la ejecución de la fe se le da gracias al Señor en todo aquello que se esté atravesando, por lo que Él hará en medio de ello, esta es la certeza que espera el Señor de los suyos, esta la convicción en la que Él desea que sus hijos respiren.

          Porque a través de su hijo amado, tiene el pueblo santo acceso a su trono de poder y gloria, tiene acceso a su intervención manifestándose en misericordia y piedad, y su amado interés por los suyos.

·         1 Tesalonicenses 5:17, 18- Orad sin cesar.  Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.

 

La verdad sobre toda situación o su desenlace lo define o determina el Señor, los pensamientos honestos solo pueden ser calibrados y definidos por el Espíritu de Dios y regidos por su Palabra, ya que aún en la honestidad humana, se puede estar honestamente errado o desviado de aquello que debería de ser conforme o en los propósitos santos de Dios.

Nadie puede habitar en lo justo, sin la balanza espiritual en su vida. Al igual que la pureza rige en el hombre en la transformación del Espíritu de Dios en él.

La amabilidad proviene de una característica que emana de lo espiritual, aquello que infunde paz, acogida, anhelo de permanencia, esa amabilidad igualmente invitadora se asemejará a aquella como si se estuviera en la casa de Dios.

·         Salmo 84:1- ¡Cuán amables son Tus moradas, Jehová de los ejércitos!

84:2- ¡Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová! ¡Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo!

Si hay virtud en aquello que se conceptúa, su procedencia es de aquello que es de bien, aquello que se puede celebrar o representa de Dios agrado, es en estas áreas en la que el creyente debe siempre estimular.

Cierto es que pensamientos completamente opuestos a estos se presentarán sin ser invitados, estarán a la puerta de cualquier y toda vida buscando la oportunidad de infiltrar, igual como roedores, insectos o algún otro peligro; sin embargo, se toman las precauciones para aquello evitar y de haber sido invadido el espacio, medidas son tomadas para eliminar o corregir.

Sólo aquello en la cual hay virtud o que sea digno de alabanza, su procedimiento es de un buen nombre que dejará el curso de una existencia en comunión perenne con el Creador, esto es dice la Palabra, en este círculo, áreas seleccionadas: En esto pensad, buscad, provocad, invocad. Esta debe de ser la acción o proceder continuo, el anhelo ferviente en toda vida del creyente.

Cuando se medita en la Palara de Dios hay:

Una sensibilidad siempre activada de complacer, honrar al Señor tanto en aquello que se expresa, como aquello que se piensa, conceptúa, aquel marco de pensamiento que siempre presente está ante el Señor.

·         Salmo 19:4- ¡Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de Ti Jehová, roca mía y redentor mío!

      

 Es imposible meditar en el Creador y no recurrir a la esperanza que se tiene en los inciertos o momentos difíciles de esta vida, esto induce el aliento tan necesitado en aquella hora.

·         Salmo l04:34- Dulce será mi meditación en Él; yo me regocijaré en Jehová.

 

 Al meditar en la ley de Dios, al en ella refugiarse creando aquel escudo para allí esperar el mover del Hacedor en circunstancias fuera del control, situaciones que parecieran imposibles resolver, en aquellas condiciones en la que al parecer no hay salida. Porque en la ley de Dios impera su justicia el cual no puede ser detenido por hombre o hecho alguno, allí es en donde el creyente debe de siempre permanecer.

·         Salmo 119:97- ¡Cuánto amo yo Tu ley! ¡Todo el día es ella mi meditación!

 

Amor a ley de Dios implica acatamiento a ella, meditar en ella significa que es el acompañante de siempre.

Son en estas múltiples bendiciones en la que radica el meditar, centrar el todo en aquello que ordena el Creador:

·         Aquello que se entretiene, que edifique, examinando que su procedencia sea de bien.

·         Seleccionando aquello que posee virtud, esto es integridad, dignidad, honradez, moralidad, honestidad, probidad, justicia, claridad.

·         Si al conceptuarlo alaba a Dios, al igual que su ejecución, entonces en ello hay bendición.

 

Si estos rigen el pensamiento o son siempre buscados, habrá bendición del Señor, que revertirá al igual en paz y eterna confianza, esperanza en el único y Todopoderoso, Dios verdadero.

 

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