LO QUE DIOS ORDENA NO SE ALTERA - NO SE NEGOCIA (CONSECUENCIAS TENDRÁ)
1 Reyes 13:
1- He aquí que un varón de
Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Betel; y estando Jeroboam junto al
altar para quemar incienso,
Algo que hay que resaltar, es
que Dios siempre obra en el tiempo oportuno (perfecto, acertado, exacto).
Cuando todos creen que pueden
hacer lo que les plazca, operar como a su criterio les parece mejor hacer, no
conforme o contrario a lo que Él ha dicho o dictaminado, entonces habrá
consecuencias (corrección, disciplina o hasta muerte).
Pero,
cuando la soberbia (petulancia, insolencia) y el desafío se ha convertido en no
un visitante ocasional, empero, con residencia permanente, todo toma otra
dirección de inmediato, y habrá consecuencias juntamente con aquella decisión.
Jeroboam
era rey, mas, no conforme con aquello quiso adjudicarse (transferirse) de la
posición que sólo le corresponde a aquel que Dios haya elegido para aquella
función.
Esto es lo que acontece en
tantas otras áreas de la vida cotidiana. Aquellos que están liderando una
nación o una gran organización, y no sólo desean ejercer su autoridad humana,
tratando de interferir con los preceptos y ordenanzas divinas (matrimonios
entre homosexuales, lesbianas, cambios de sexo, etc.). Posiblemente no lo han
entendido o se niegan a entender, nadie puede altercar (combatir) con Dios;
desista, es una batalla perdida.
Y debido a esa acción desafío
hacia el Hacedor, el profeta le hizo saber que Dios iba a levantar de la casa
de David, a uno llamado Josías, el cual iba a eliminar, dar muerte a todos
aquellos con prácticas blasfemas. En otras palabras, habrá juicio del Hacedor
sobre todo aquello que ha blasfemado (ensalzado, renegado).
2- aquel clamó contra el
altar por palabra de Jehová y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí
que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre
ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre
ti quemarán huesos de hombres.
Al igual el profeta hizo saber
sobre una profecía inmediata, anunciada y cumplida.
3- Y aquel mismo día dio
una señal, diciendo: Esta es la señal de que Jehová ha hablado: he aquí que el
altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará.
Al oír sobre lo que ha
dictaminado el Señor, se esperaría una acción de arrepentimiento, se
esperaría cambio de dirección. Sin embargo, cuando la necedad es la afección
espiritual, la única voz que se escucha, es la propia.
Ahora de manera desafiante y
autoritativa, extiende su mano para ordenar que se le detuviera al profeta, y
en el momento en que lo hizo, se le secó la mano. Cuando Dios habla, dictamina,
ordena, no es para que usted prosiga como si su decisión de ignorarlo cancela
su autoridad sobre usted. Dios es soberano, y procederá como es necesario para
que todos entiendan y lo reconozcan.
4- Cuando el rey Jeroboam
oyó la palabra del varón de Dios, que había clamado contra el altar de Betel,
extendiendo su mano desde el altar, dijo ¡Prendedle! Mas la mano que había
extendido contra él, se le secó, y no la pudo enderezar.
De inmediato frente a sus ojos
se cumple la profecía, en s propia carne lo está viviendo.
Hay muchos que están bajo el
juicio de Dios sobre sus vidas debido a su posición de intransigentes
(terquedad), pudiendo evitarlo acatando a lo que se escucha, mas, allí
continúan como desentendidos.
5- Y el altar se rompió, y
se derramó la ceniza del altar, conforme a la señal que el varón de Dios había
dado por palabra de Jehová.
En medio del juicio llegado a al
rey, al acudir al varón de Dios para que rogase por él, no fue por
arrepentimiento o en arrepentimiento, ya que al final de este relato en el
capítulo, continúo en su mismo camino de desobediencia. Aunque el ruego del profeta
alcanzó la misericordia del Señor, no fue aprovechado por el rey.
Esto se traduce a lo que
acontece a nivel de país, al igual personal. Muchos buscan misericordia de
Dios, sin embargo, luego prosiguen su marcha en total ignorancia.
6- Entonces respondiendo el
rey, dijo al varón de Dios: Te pido que ruegues ante la presencia de
Jehová tú Dios, y ores por mí, para que mi mano me sea restaurada. Y el
varón de Dios oró a Jehová, y la mano del rey se le restauró, y quedó como era
antes.
Ahora bien, a consecuencia de
ese hecho, mira al varón de Dios y le comunica que clame por él. El Señor
escuchó el clamor del varón de Dios y lo sanó. Sin embargo, la gratitud no duró en su restablecimiento, no giró hacia
un compromiso con su Creador, más bien reafirmo sus pasos en la necedad.
7- Y el rey dijo al varón
de Dios: Ven conmigo a casa, y comerás, y yo te daré un presente.
8- Pero el varón de Dios
dijo al rey: Aunque me dieras la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería
pan ni bebería agua en este lugar.
¿Por qué procedió de esta manera
el profeta? Porque ya había recibido revelación del Señor tocante al
hecho de lo que no debería de hacer. Dios ya había hablado, instruido, lo único
restante era obedecer>; es lo mínimo que el Señor espera de los suyos, someterse
a Él.
9- Porque así me está
ordenado por palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni
regreses por el camino que fueres.
10- Regresó, pues, por otro
camino, y no volvió por el camino por donde había venido a Betel.
Las cosas toman otro giro cuando
no se mantiene firme en lo que ordena el Señor. Habiendo oído, recibido
del Señor mismo los directivos, que otro argumento podría o debería prevalecer.
Dios ha ordenado en su Palabra,
están todas las normas que El autoriza y prohíbe. ¿Qué otro Soberano hay? ¿Qué
otros dictámenes o leyes humanas pueden prevalecer sobre o por encima de lo que
Él ordena? De la única manera que esto es una realidad para alguna persona, es
porque para aquel o aquellos, Dios no es Soberano.
Un viejo profeta que moraba en
Betel, se entera de todo lo acontecido por labios de su hijo, al igual lo que
había dicho o solicitado el rey. Y habiendo averiguado por el camino que había
tomado el profeta y fue tras él.
Al encuentro con un varón
sentado debajo de una encina le pregunta si era aquel que estuvo en Judá, al
cual confirmo que así era.
El viejo profeta le extiende una
invitación al varón de Dios, al que le responde igual que al rey, que el Señor
le había prohibido.
Pero, ideó el viejo profeta
argumento manipulación y mintiéndole, accedió.
18- Y el otro le dijo,
mintiéndole: Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por
palabra de Jehová, diciendo: Tráele contigo a tu casa, para que coma pan y beba
agua.
Su retorno para el varón de
Dios, represento juicio y muerte. De los labios del mismo profeta que lo había
engañado, vino la sentencia del Señor (1 Reyes 13:19-24).
Aunque haya otras instrucciones,
haya otras declaraciones, surjan otras normas, leyes; todas estas contrarias a
lo que el Creador ha dicho que no debe de ser, es el momento de definir el
curso y entender que sólo la Palabra de Dios es lo que prevalecerá. Allí es
donde se tiene que permanecer.
Es mejor estar en paz con Dios,
que con los hombres.
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