ESPERANZA DE LIBERACIÓN AÚN EN LA AFLICCIÓN (REALIDAD EN EL SEÑOR)






Lamentaciones 3:1-40

El profeta Jeremías recorre o recorrió:
1.     Aflicción bajo el látigo del enojo del Señor.
Servir al Señor tiene múltiples desafíos y pruebas, no siempre se tendrá un recorrido sin irregularidades en el camino o recorrido.

2.     Fue conducido por tinieblas.
Cuando se tuviese que atravesar ciertos valles que permite el Creador que nos alcance, no debería ser objeto de queja, empero de mayor acercamiento y dependencia del Señor.

3.     Contra él vuelve la mano sin cesar todo el día del Señor.
Cuando el Hacedor lleva a cabo su proceso de fortalecer a los suyos, no hay error alguno en aquello que Él permite y lo continuo que aquello fuese, ya que al final de la jornada, habrá trabajado para bien.
4.     Su carne y su piel envejecieron y su hueso quebrantado.
El profeta estuvo bajo un severo régimen departe de su Creador, empero, todo un propósito un porqué.

5.     Contra él fueron levantados baluartes (fortalezas).
Dios escogió un periodo de la vida del profeta para hacer florecer o levantarse aquello que les sería de utilidad y de gran bienestar; mas en el proceso de aquella enseñanza, representó aflicción para el siervo de Dios. Es que los propósitos del Señor, los medios que utiliza para dejar sentado lo que fuese necesario no necesariamente es un camino fácil, pero, tienen su propósito y logrará el fruto de todo lo que permita y envía.

6.     Lo rodeó de amargura y trabajo.
¿Podría haber reclamado el profeta en medio de aquella fuerte prueba? Pudo haberse presentado, ya que en la humana o frágil naturaleza pueden surgir cuestionamientos. Mas, cuando se ha aprendido a confiar en los propósitos de Dios, nada, aun no entendiendo y realmente queriendo evitar representa un obstáculo, mas bien, un privilegio el poder sufrir penalidades por Él.

7.     Fue dejado en oscuridad como aquellos que murieron.
Todo cuanto tuvo que atravesar el profeta fue un mensaje aunado a sus palabras de advertencia y de profecía para el pueblo de Israel, y ni aun así hubo de ello un gran resultado por la obstinación del pueblo.
8.     Fue cercado por todos lados.
9.     Agravó sus cadenas.
10.  Dios cerró su oído a su clamor.
11.  Fue perseguido por Dios (v.10).
12.  Torció sus caminos, senderos; quedó desolado.
13.  fue blanco de la saeta (v.12)
14.  Era el escarnio de su pueblo, objeto de burla día tras día (v.14)
15.  Fue llenado de amargura.
16. Su alma se alejó de la paz. Y se olvidó del bien (v.17)
17. su fuerza pereció y su esperanza en Jehová.
Habiendo atravesado todo aquello, obra esta del mismo Dios. No fueron estas experiencias, ni pruebas gratas; empero fueron una marejada de situaciones que pudieron adormecer y hacer variar la fe, aquella confianza en el Hacedor, si su Creador.
Quizá lo propio que debería brotar de todo es ¿Qué o cuánto puede acontecer para que usted se aleje del Señor?
Madurez espiritual entiende que en todo cuanto acontece o aquello que Dios ha permitido, tiene su propósito.
Aún en esas situaciones precarias, como continúa expresando el profeta en dolor, aflicción:
1.     Fue como oso al acecho, como león que se agazapa (se sujeta) (v.10).
2.     Ha clavado en mis entrañas las saetas (flechas, dardos) de su aljaba.
3.     Soy el escarnio (burla) de todo mi pueblo...
4.     Me ha llenado de amargura, me ha embriagado de ajenjo licor.
Es de humanos la pérdida de fuerza y el perder quizá la esperanza trazada en Dios. Es humano ante fuertes o constantes golpes, quizá variar o alterar esa solidez espiritual; si se habita en lo que rodea o si la fe no se vuelve a reubicar en donde siempre se estuvo o era su habitad.
Nuestra humanidad y la obra que lleva a cabo el Espíritu Santo en nuestras vidas es transformante, conduce a lugares que humanamente es imposible alcanzar o apropiarse de.
Y por esa obra que solo el Espíritu de Dios puede hacer y hace en nuestras vidas. Por aquella fe y confianza que se ha depositado en Él, sabiendo qué puede hacer, hace y hará, he aquí el clamor:
a. Acuérdate de mi aflicción y abatimiento, ajenjo y de la hiel (v,19).
Parafraseado: Señor aún estoy aquí, ésta aún es mi condición, afligido y abatido; todo tiene un sabor amargo. Te ruego que te acuerdes de mí. Aún estoy en esa o esta condición, aún es mi presente. Pero, en medio de aquello he hecho una elección:
1.                           He de considerar, éste es el pensamiento que reinará en mí y en la que he de esperar y esperaré (v.21):
a.                           Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias (v.22).
El Señor jamás abandona a los suyos y nunca permitirá que se atraviese algo más allá de la fortaleza y la preparación que Él ha brindado o impartido.

b.                          Nuevas son cada mañana. Grande es Tu fidelidad (v.23).
En medio de aquello que se a traviesa, el Señor imparte una nueva unción cada mañana. Renueva las fuerzas.

c.                           Mi porción es Jehová; por tanto, en Él esperaré, dice mi alma (v.24).
Nada nuevo hay que considerar, no hay olvido, ni abandono del Creador. Por ende, se espera en la liberación que Él dará u ofrecerá siempre a los suyos.

d.                          Bueno es Jehová a los que en Él esperan, al alma que lo busca (v.25).
Cuando se está en espera del Señor, por haber ejercido la fe, se verá o se recibirá del bien que sólo procede de Él.
e.                           Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová (v.26).
f.                            Cuando se está en espera del Señor, no puede ser con quejas, con reclamos. Dice la Palabra que esa espera en el Señor es en silencio, para no agravar el mal que asedia.

g.                          Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud (v.27).
h.                          Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso (v.28).
i.                            El Señor no rechaza para siempre; antes bien, si aflige, también se compadece según su gran misericordia, pues no se complace en afligir o entristecer a los hijos de los hombres (v.31-33).
Todo esto brota por un espíritu guiado por el Espíritu de Dios. No por flaquezas y debilidades, o de aquello que observa en su entorno para estar esperanzado en el Señor.
Aún hay más de este destello de esperanza, aun a pesar de la condición:
1.     ¿Quién puede decir que algo sucede sin que el Señor lo mande?
2.     ¿Acaso no proceden de la boca del Altísimo los bienes y los males?
3.     ¿Por qué se lamenta el hombre, si está vivo a pesar de su pecado? (v.37-39)

El final del discurso es:
Examinemos nuestros caminos, y cualquiera que haya resultado de alejamiento del Señor, busquemos y volvamos a Él. (v.40)
Permanezca nuestra confianza y esperanza en el Señor, aún a pesar de lo que acontece, nos rodea, o aún nos afecta. Ya que por su misericordia seremos liberados.

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