EL VALLE DE ACOR (EL VALLE DE DESGRACIA)



¿Hasta dónde estaríamos dispuestos a comprometernos sin importarnos las consecuencias, no con hombres, pero con el Altísimo y Soberano Dios? Y logrado aquello, ¿Qué provecho tendrá sino lo has de disfrutar, no te ha de beneficiar? Se asemeja al ladrón, concentrado solo en lograr lo que se propuso, sin importarle en lo absoluto las consecuencias. ¿Qué le hará pensar o creer que aquello le será de bien? Y aunque lograse lo que se propuso, lo que logró fue completar o dar vida a la tentación que en él se formó y que solo ha de desembocar en maldición para él y todos los suyos.
¿Valió la pena dar inicio al esfuerzo, el empeño? Y como consecuencia de los actos de desobediencia: maldición, muerte; enfermedades, prisión. Estas son las justas consecuencias, pero ¿Valió aquello la venta del alma, la vida; integridad, respeto; honor, esfuerzo?
Antes de que Acán cayese en este pecado de la prevaricación o estafa, Él había estado en obediencia a la voz de Dios en diferentes encuentros de guerra. Pero en esta última asignación para él, permitió que la carne dictaminase al hecho que le dio lugar, que haber obedecido como anteriormente lo había hecho al Señor.
Los hechos de Acán condujeron a su familia a la muerte, por despojos… Esto fue superior a su obediencia a Dios, su amor a su familia. Esto fue a lo que él se vendió. Esto fue lo que vio entre los desperdicios, lo que su codicia vio entre los despojos:
1.     Un manto babilónico muy bueno.
¿Qué tan bueno puede ser aquello que se estime para violar una orden de Dios?
Pero la orden de Dios fue quemarlo. Hay situaciones en nuestras vidas que, si no lo quemamos, allí permanece y tarde o temprano nos va a quemar.  Quemar significa no lo mires, no lo consideres; no lo codicies. La riqueza no reside en aquello que vez, reside en tu Benefactor, tu Creador. Tu obediencia y sometimiento a los preceptos divinos.
2.     Doscientos siclos de plata y un lingote de oro de cincuenta siclos de peso.
¿Cuál será el precio para vender su fe y traer maldición sobre la familia? ¿Una posición, una mujer o mujeres que llenen sus fantasías; posesiones, riquezas; éxito, fama; fortuna?  Las tentaciones difieren, empero son con la misma finalidad; separarlo de la voluntad de Dios y destruirlo si fuese posible.
Estos vi confeso Acán y los codicié (los comí con los ojos, lo apetecí en mi pensamiento); lo deseé, lo ansié más que nada, con todas las fuerzas que tenía en mí, los tomé. Es que Acán permitió que este síndrome que lo dominara, y como nunca fue atendido; como los síntomas de una enfermedad, sobrecogió todo en él, ya estaba por morir.  Vio aquello el cual codició y lo tomó.
Dios dijo, pero…, Dios ordenó, pero…, Dios exige, pero…Todo lo que a continuación allí prosiga es juicio, y es de muerte. Porque se está posicionando para tomar algo o asirse de algo que el Señor dijo que no debe de ser. Toda argumentación allí es de maldición, excepto que allí exprese: Dios dijo, sin embargo: “ayuda mi incredulidad, mis temores; limitaciones, tendencias”.
Josué 7:24- Entonces Josué, juntamente con todo Israel, tomaron a Acán hijo de Zera, el dinero, el manto, el lingote de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, su tienda y todo cuanto tenía, y lo llevaron todo al valle de Acor.
25- Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos.
Cuando Dios tiene algo establecido y se altera el orden, no solo te afecta este pecado en tu vida personal, sino que también arrastra a su familia en la desgracia que acaecerá, ya sea esta bajo la dispensación de la gracia o bajo la dispensación de la ley; como lo fue en el caso de Acán.
Estamos bajo la dispensación (o exculpación) de la gracia, esto es la misericordia de Dios manifestada con favores que no mereceremos jamás, pero que su gracia lo brinda y todos somos beneficiados por ella.
Mas, tristemente examinaremos la vida de un hombre que permitió que la avaricia acortara su vida y la de los suyos, por no cumplir con los preceptos o la ley.
a.     Deuteronomio 13:17 No te quedarás con nada del anatema, para que Jehová se aparte del ardor de su ira, tenga misericordia y compasión de ti, y te multiplique, como lo juró a tus padres…
Esta era la ley dada a ellos, no era algo a considerar, empero a cumplir o consecuencias; estar bajo la ley, era juicio inmediato; ya que esta afectaba y afectaría hasta que aquello fuese corregido. El mal no solo reposaba sobre el infractor, pero al igual sobre el lugar que aquél residía. La ley era una condición.
Éxodo 19:5 Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto…
Solo cumpliendo lo establecido estarían en bien, pero de lo contrario el juicio sobre ellos.
Cuando Acán cayó, hizo al igual que el pueblo de Dios estuviese en conflicto con todo el pueblo, hasta que los culpables o los que afectaban o mancillaban la relación fuesen separados. En el caso de Acán y su familia, hasta que se les diera muerte. Entre tanto Dios se refería por el pecado de uno como la falta de todos.
Examinemos Josué 7:1
1.     Los hijos de Israel cometieron una infidelidad en cuanto al anatema…
La falta fue hecha por Acán, pero trajo juicio sobre el pueblo como uno.
2.     …tomó algo del anatema y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel.
El pueblo de Israel desconocía este hecho, sin embargo, los efectos se dejaron sentir.
El pueblo de Israel tenía que enfrentar al pueblo de Hai, otro enemigo del pueblo de Dios; estando en la voluntad de Dios siempre salían victoriosos. Y cuando se enfrentaron los tres mil hombres que decidieron enviar para la misión contra ellos. Los enemigos les hicieron a ellos huir y de ellos mataron a treinta y seis hombres, los persiguieron y los derrotaron. Hubo una reacción inmediata del pueblo que estaba siempre en victoria bajo el guía del Señor.
Ellos iban de victoria en victoria, pero aquel día algo ocurrió que los hizo reaccionar; y buscaron entender del Señor por qué no fueron victoriosos, y Dios les hizo entender lo que ocurría:
“…han tomado algo del anatema, y hasta lo han robado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres”.
Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema.
No estaré más con vosotros si no hacéis desaparecer el anatema de en medio de vosotros.
Levántate, santifica al pueblo…  (Josué 7:11-13).   

 Es de suma importancia entender que nuestros actos tienen impacto sobre otros y grandemente sobre nuestra familia, ya sea actos que representarían bendición o aquellos que representarían maldición.
En el caso de Acán:
Desde el libro de Deuteronomio estaban las leyes los preceptos a seguir, tristemente Acán violó este precepto y trajo maldición de muerte sobre él, sus seres queridos y todas sus posesiones.  Lo que Acán hizo, en pleno conocimiento de las leyes fue:
a.      Desafiar al Supremo Dios. Esto es lo que has dictaminado, pero esto es lo que he decidido hacer. Acciones tomadas aún y con el mismo desenlace, porque el Señor es el mismo de ayer, hoy y siempre.
b.      Lo que hizo fue anteponer posesiones a su fidelidad y lealtad al Señor. Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Sembró para la carne y de ella cosechó corrupción.
c.      La codicia, no la fe, tuvo la mejor parte de él.
De cierto que Acán miró ese camino recto en su pensar, él no creyó que el desenlace sería lo que ahora estaba frente a él. Tenía un plan y lo ejecutó.
La Palabra advierte:
1.     Proverbios 16:25- Hay camino que al hombre le parece derecho, pero es camino que lleva a la muerte.

2.     Proverbios 16:17- El camino de los rectos se aparta del mal; su vida protege el que guarda su camino.
3.     Proverbios 1:18…pero ellos a su propia sangre ponen asechanzas, contra sí mismos tienden la trampa.
19- Así son las sendas de todo el que es dado a la codicia, la cual quita la vida de sus poseedores.
El problema de Acán fue:
a.       No valorizar el privilegio de formar parte del pueblo de Dios.
De pueblo de Dios, se hizo un anatema (maldito); trajo maldición sobre sí, los bienes materiales se convirtieron en su Dios. No dijo temí al Señor y me aparté, lo que dijo fue “codicié y lo tomé”.

b.     No valorizar la familia que el Señor le había concedido.
De igual forma su familia (tenía hijos, hijas) tenía menos valor para él, ya que anuente estaba por las leyes que a ellos igualmente ponía en peligro, pero lo hizo; él sabía que esto era abominable o pecado ante Dios. Mas, la codicia tuvo de él su compromiso y la ejecución. Qué triste es cuando la familia no representa humanamente lo de más valor para nosotros.

c.      No valorizar lo suficiente las posesiones que vinieron juntamente con las bendiciones.
Este hombre poseía bueyes, asnos, ovejas; su tienda o su casa y todo lo otro que tenía.
Quizá la pregunta debería ser ¿Qué es suficiente? ¿Cuánto es suficiente? ¿Qué más puede llenar o saciar sus arcas o aquello para saciarlo?
El mal de Acán aún camina, enfermo, pero camina; por perderlo todo, pero camina; con su alma vendida, pero camina; entregado a muerte, pero camina; con integridad vendida, pero camina. Hacia el mismo valle de muerte, hacia la misma destrucción de no haber cambio, de no haber arrepentimiento.
¡Oh Dios, sólo Tu presencia en nuestras vidas; entronado en la posición que debes ocupar siempre, no desplazado por nada, ni nadie; nos hará abandonar, quemar; destruir, apartar; todo aquello que en Tu Palabra has plasmado, ¡para conducirnos a los caminos donde hay vida!




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