EL HIJO DE LA RAMERA (DESENLACE BENDECIDO)
La Palabra de Dios nos hace entender que no es el pedigrí de un ser
humano, no es de quien desciendes, del lugar que surgiste, de la relación que brotaste
o naciste. Si fuiste o eres aceptado por otros. Pero, lo importante en todo
esto es lo que permite todo aquél en su vida. No habitando o viviendo como un
rechazado o alguien que tiene que ser estimado o aceptado por otros, para
valorizarse; excepto ser o estar listo para el uso de Dios.
Hubo una madre soltera en los Estados Unidos en su adolescencia que
quedó embarazada, iba o consideró el aborto, empero, no lo hizo. Crió su hijo
como madre soltera y el día de hoy él es un pastor para la gloria de Dios.
Considere esto hubo un hombre llamado Jefté (es la transcripción de un nombre
que significa: Dios abre o libera), era un galaadita (esta era una población
situada al oriente del Jordán, cerca del rio Jaboc). La Biblia describe a este
hombre como un hombre esforzado y valioso.
La Palabra de Dios registra que la madre de Jefté era una ramera, no
registra que tuvo otros hijos. ¿El por qué decidió dar a luz a esa concepción?
Sólo Dios tiene esa respuesta, mas, como podremos apreciar en el desarrollo del
relato la mano del Señor transformó toda esa escena de pecado.
La Sagrada Escritura no registra nada sobre el padre que se llamaba
Galaad, por ende era un hombre común. Lo que sí especifica es que él tenía una
mujer el cual le había dado dos hijos. La ramera fue una aventura. Aquella
mujer que dio a luz los dos hijos, en propiedad era su esposa.
Cuando los hijos de la esposa crecieron, decidieron echar fuera a Jefté,
ya que no querían que él heredara juntamente con ellos, ya que era un medio
hermano, hijo de otra mujer. Nada nuevo aún en el día de hoy, divisiones por el
error o pecado de los padres, y son una sangre por cualquiera de los lados que
hubiese faltado.
De una ramera, de una aventura que no debió de ser. Sin embargo, aun en
medio de lo depravado que fue aquello, Dios y sólo Dios, pudo y puede hacer
algo especial y hermoso de todo aquello.
Si Dios hace esto mi amado en medio de vidas no consagradas, no
dedicadas a Él, cuánto más no ha de hacer en medio de cualquiera que fuese el
conflicto o la situación en la que se encuentra.
Jefté no se desarrolló como alguien que necesitaba terapia (esto tiene
su lugar, pero...), disputando que él tenía también derecho en cualquiera que
fuese la herencia; no vivió en autocompasión, ni señalando culpables. Registra
la Palabra que se levantó y huyó de sus hermanos y se fue a vivir en Tod (esta
era región y ciudad al norte de Galaad). En aquel lugar se destaca su liderazgo
en él, reúne una banda de hombres ociosos que salían con él.
Dios levantó en Jefté en medio de condiciones desfavorables. Los
sicólogos, sociólogos, trabajadores sociales, dirían que él no iba a resultar
una persona favorable. Poca relación con su padre, una madre de vida fácil,
unos medios hermanos que lo rechazaron y lo despojaron de una posible herencia.
Y en medio de todo aquello, las Sagradas Escrituras lo describen como un
hombre esforzado, valeroso. Posible es que nadie tenía planes de bien para él
en su familia, pero, Dios tenía un trabajo especial para él, había un lugar que
el Señor le preparó y en la puerta de su oficina decía, Jefté – Dios abre o
libera.
Por 18 años los amonitas oprimían y quebrantaban al pueblo de Israel que
vivían en Galaad (este lugar estaba ubicado al otro lado del Jordán). Y luego
pasarían el Jordán para hacer guerra contra Judá, contra Benjamín, contra la
casa de Efraín (tribus estas de Israel). Todo esto aconteció porque Israel
abandonó a Jehová y sirvieron a otros dioses.
Cuando los de Amón hicieron guerra contra Israel, los ancianos de Galaad
fueron en busca de Jefté para que él fuese el jefe de guerra contra sus
enemigos. Hubo una serie de intercambios entre ellos un tanto fuerte departe de
Jefté, empero, accedió y lo eligió el pueblo como su caudillo. Jefté presentó
todo esto ante Jehová.
Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre
Jefté... (Jueces 11:28).
Dios le dio la victoria a Jefté contra los enemigos de Israel. Todo
enemigo de Israel es enemigo de Dios.
·
Sí,
el que no tomó acciones en sus manos contra sus hermanos, pero en este caso, sí
tomó acción contra los enemigos de Israel.
·
Sí,
el que nació de una relación que no debió de ser, pero no hizo de su vida otro
error.
·
Sí
el que tuvo que abandonar su pueblo por haber sido echado y rechazado, mas fue
luego buscado para entrar por la puerta principal para que fuese el caudillo de
todos los que vivían en Galaad.
Mis amados, ¿Quién obtuvo una mayor herencia? ¿El rechazado, el echado,
el hijo de la ramera, tenía unos atributos que ningún otro poseía, y aun en
medio de todo lo negativo alrededor de él? Se destacaba las cualidades propias
en él. Aunque hubiesen querido pintar todo de negro sobre él, había áreas que
no se podía cubrir con ese mismo color, porque su destello no lo permitía.
Gloria a Dios por los dones y talentos que Él nos da, que puesto a su servicio,
bendición dará.
Axioma: Cuando todos creen que te están privando de
algo bueno, el Señor te ha preparado algo mejor.
Axioma: Hay hechos negativos que te fuerzan
a moverte, pero, en muchas instancias, es hacia el lugar de preparación, para
una mayor bendición.
Axioma: Un creyente no debe estar a la cuenta o
llevando un inventario de lo que ha perdido, empero con mayor expectativa a lo
que el Señor hará.
En medio de todo cuanto acontecía alrededor de la vida de Jefté el no
detuvo su existencia, por ello la Palabra lo califica de esforzado y valeroso.
¿Cuál es la descripción que el Espíritu de Dios dará de usted? Sea
valeroso y esforzado, este es un camino de excelencia mi amado, camino de
bendición.
Hay algunos detalles más de esta historia que usted puede leer en Jueces
11:1- 40).
La historia de Jefté se asocia tanto con nuestra naturaleza pecaminosa,
nadie vería ningún atractivo, excepto Cristo. Fue Él quien a nosotros se allegó
y nos hizo volver del lugar perdido en la que nos hallábamos.
Dios tiene una forma tan maravillosa de transformar, de añadir miel a lo
que era amargo; de darle valor a lo desechado, de bendecir las vidas de lo
maltratado y humillado.
No viva en el pasado rechazo que
sufrió. No esté viviendo en amargura por los errores que ya transcurrió.
Permita que siga floreciendo los dones y virtudes que el Señor le ha confiado.
Esto hizo Jefté. No quedó como un paciente para una clínica, quedó como un
caudillo para liberar a un pueblo.
Siempre permitamos que el Señor haga la obra en nuestras vidas. Él y
sólo Él puede tomar absolutamente todas las contrariedades y hacer algo
especial y hermoso de todo ello. Si lo duda, pregunte a Jefté.
En medio de este pasaje
examinado, el Señor nos recuerda que nada tiene que ver de dónde procedemos, empero
lo importante es hacia dónde vamos, qué permitiremos que El haga de nuestras
vidas.
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