¿QUERÉIS ACASO VOSOTROS IROS TAMBIÉN?
Esta fue la pregunta que hizo Jesús a sus doce:
¿Queréis acaso iros también
vosotros?
Le respondió Simón Pero:
Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
Y nosotros hemos creído y
conocido que Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Juan 6:67- 69).
¿Podría o tendría el Señor que igual levantar
esta pregunta a algunos en su pueblo hoy? ¿Desean vosotros sumarse a los demás
ó se han sumado a los demás en abandonarme?
Nuestro Redentor tiene la respuesta de cada uno
de nosotros, no necesita que se lo anunciemos a Él, pero sí necesita que usted
se entere de su verdad; que lo encare y decida que ha de hacer con su réplica.
a.
Después de haber alimentado a cinco mil (no contando
las mujeres y los niños).
b.
Después de andar sobre el mar.
Aquellos mismos que habían escuchado las
enseñanzas del Maestro, que habían quedado expuestos al milagro de la
multiplicación de los cinco panes de cebada y los dos peces, esto había
acontecido al otro lado del Mar de Galilea (también llamado Mar de Tiberia o
lago de Genasaret) en Tiberias.
Esos mismos que declararon después de haberse
saciado del milagro:
Entonces aquellos hombres, al
ver la señal que Jesús había hecho, dijeron: Verdaderamente este es el Profeta
que había de venir al mundo (Juan 6:14).
Podemos decir todo lo correcto, pero, ¿qué
reside espiritualmente en lo profundo de nuestro ser? Todo suena tan hermoso,
tan especial. Pareciera que han arribado al lugar en que deben de estar,
empero, ¿habrán sido solo palabras sin nada de raíces en sus almas?
Al día siguiente estos mismos hombres se dieron
cuenta que Jesús ya no estaba en aquel lugar, entraron en los barcos y fueron a
Capernaúm buscando al Mesías (Juan 6:22-24).
Vuelven a tener su encuentro con Él y se levantan
preguntas, la primera que hicieron fue:
1.
Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Se refieren a su
presencia en Capernaúm, al cual Jesús les respondió:
De cierto os digo que me
buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os
saciasteis.
Nuestro Salvador no solo les hizo encarar su
verdad como a todos nos hace, sino que al igual les instruyó sobre la salida de
aquella mala elección:
Trabajad, no por la comida que
perece, sino por la comida que permanece para vida eterna, la cual os dará el
Hijo del Hombre, porque a este señaló Dios, el Padre (Juan 6:26- 27).
Cuando nuestro Salvador nos hace tocar nuestro
interior, cuando nos hace palpar aquello que desconocíamos y nos percatamos de lo
corrupto que está, lo desviado que está de lo que realmente debe de ser, ¿qué
estamos dispuestos a hacer?
¿Qué exactamente hicieron con la primera
respuesta? ¿En dónde quedó, realmente le
dieron valor? ¿Hubo un depósito de ello en alguna vida?
Se levanta otra pregunta de parte de estos:
2.
¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de
Dios? Les responde el Señor: Esta es la obra de Dios, que creáis en Aquél
que él ha enviado (Juan 6:28- 29).
Hay respuestas, pero, ¿realmente estarán
escuchando?
La Palabra de Dios no registra que hubo un
cambio en sus corazones, un cambio en la dirección en que estaban.
Argumentan sobre señales para que vean y crean,
hacen referencia del maná que comieron sus padres en el desierto, llamándolo
pan del cielo. El Señor les hace entender, que el maná había descendido del
cielo, pero que el verdadero Pan del cielo, el cual descendió de Dios y es en
ese pan que recibe vida el mundo (Juan 6:30- 33).
Todas las preguntas con las respuesta únicas de
la Boca de Dios, con toda autoridad y poder. Empero estas no serán efectivas en
vidas que no permiten que aquello sea, que no le dan cabida.
Algunos creyentes ya tienen el Pan de Vida,
pero, pareciera que tuviesen hambre de algo más, que desean llenar sus vientres
o existencia de algo que no es vida por algunos procederes que no se puede
conciliar con la fe. Tienen el Pan, ¿por qué tratar de saciarse de los
desperdicios del diablo o de sus convidados?
Hay momentos en nuestras vidas que surgen
inquietudes y retos en nuestros diferentes roles, en nuestras otras funciones en
la vida; se escucha la respuesta de Dios, se lee la respuesta del Señor,
empero, ¿en dónde queda?
Según estos al escuchar las Palabras de Jesús
piden saciarse el Pan al que les hizo referencia. El Redentor les explica que
Él es ese Pan, y todo aquél que se allegue, se una a Él no tendrá hambre. El
apetito espiritual será saciado, no se buscará o se tendrá necesidad de otro
alimento. Al igual quedó igualmente establecido que sólo Él posee aquella agua
que sacia toda sed espiritual, pero está reservada para todos aquellos que en
Él cree.
Ahora el Señor va a establecer la
diferenciación entre los allí presentes y lo que verdaderamente debe de ser.
Les hizo entender:
·
Están en el lugar correcto, pero en su interior los
hace aún estar distantes.
·
Han escuchado la Verdad, empero aún padecen de sordera
espiritual.
·
Tienen acceso a vida eterna, sin embargo otra agenda
no los permite entrar.
·
Y me han visto, estar frente a Él, a sus manifiestos,
milagros, poder; y aún darle la espalda, rechazarlo.
Esto es exactamente en donde estos están, y
Jesús les reitera:
·
Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí.
Cada acción del hombre define si estos han sido
dados por el Padre, y todo rechazo es una clara evidencia de que aquellos no
forman parte. No porque se les haya excluido, cada cual en aquella posición se
excluyó; como lamentablemente fue la posición de estos.
·
Y al que a Mí viene, no lo echo fuera.
El Mesías les dejó claramente establecido, que
si alguno se puede ver fuera de sus filas, no ha sido porque el Señor los
rechazó, el que lo refutó fue aquél.
Aunque escucharon de la boca del Maestro, del
Mesías, del Hijo de Dios; prefirieron levantar las murallas y pretextos para
permanecer exactamente allí en donde siempre estuvieron, en total ignorancia.
No quisieron el Pan espiritual y el Pan de Vida, no quisieron saciar su sed con
el Agua de Vida. Muchos aceptaron o permanecieron con la otra invitación que
tenían sin poder saciar su hambre y mucho menos su sed espiritual con el Único
que puede dárselos.
Estos se fueron, se marcharon del Señor
murmurando. ¿Está usted al igual murmurando sobre cosas que no entiende o que
le resulta difícil aceptar? pero si lo está haciendo, en cuanto permanezca en
esa posición:
·
Se está alejando igual que aquellos que lo siguieron
hasta Capernaúm.
·
Si está murmurando dejó de escuchar la voz de Dios.
·
Si está murmurando, va a terminar igual que esos
hombres alejándose de su Único medio ante Dios y Señor.
Aunque en el versículo catorce declaran algo
que tenía cierto tono de espiritualidad, todo realmente estaba basado o radicó
en externos.
Querían hacer a Jesús Rey, querían apoderarse de
Él para entronarlo, no como Rey de sus almas, sino en un trono meramente humano
(Juan 6:15).
¿Cómo estando frente a frente con Jesús y aún
no entender, no escuchar, no ver? ¿Cuán ciego, desentendido, sordo se puede
estar para no avanzar y realmente estar donde realmente se debe y se puede
llegar?
Este fue el caso de aquella muchedumbre, este
fue el caso de aquellos hombres, completamente acampados en externos y no
permitiendo que la lluvia, todo ese tesoro espiritual se depositara y regara sus
almas. ¿Será esta situación sólo con esa muchedumbre ó muchos creyentes han
acampado al igual en externos que no les está permitiendo alcanzar o continuar
creciendo en su fe y entrega al Señor? Es importante recalcar, es primeramente
el reino de Dios y su justicia la continua búsqueda de permanecer en la
voluntad del Creador, y todo lo demás que el Señor permita en añadidura, no a
la métrica humana, a la medida de Él. Pero estos radicaban en externos, ¿dónde
exactamente radica usted?
Ellos querían hacerlo reinar, alguien diría
loable, empero, ¿reinaría o reinaba al igual en sus almas?
Todos en algún punto en nuestras vidas revelará
dónde lo hemos permitido ser Rey, en dónde lo hemos entronado. Porque siendo
así, sus propósitos santos es o sería nuestro objetivo, es o sería nuestro
respirar, nuestra forma de vida.
Cuando todo es puesto en la balanza de nuestra
existencia, nuestros anhelos, metas, emociones, ¿qué o quién pesa más?
¿De qué quilate será nuestra fe, el creer, el
obedecer al Señor, ó le hemos ofrecido fantasía?
Sólo Dios tiene la respuesta, al igual usted
tiene idea, ¿lo ha podido evaluar?
La muchedumbre le hizo preguntas, repuestas a
todas recibieron, con amplia explicación. Les hizo entender, este es el valor,
la entrada, la manera de estar y recibir lo que buscáis. ¿Era acaso un precio
demasiado alto, inalcanzable, injusta para ellos?
¿Realmente querían saber el qué hacer para
poner en práctica las obras de Dios?
Tenían la respuesta frente a ellos, de la boca
del Mesías lo recibían. Y ante la perfección en todo vivido, dicho, hecho, inconfundible
evidencias:
·
Murmuraban de la respuesta.
·
Cuestionaban lo incuestionable.
En lo material, en lo que los alimentaba pudieron
decir en palabras; “Verdaderamente ese es el Profeta que había de venir al
mundo (Deuteronomio 18:15- 18). Pero en el hombre interior, había un escenario
completamente diferente. Las palabras emitidas no eran la realidad interna. Para
algunos hay conflicto con lo que se dice y lo en el alma reside.
Jesús deja el parámetro espiritual plenamente
asentado (Juan 6:45- 58):
1.
Todo el que viene a Mí, fue o es porque fue atraído o
guiado por Mi Padre, Dios. Y Yo lo resucitaré en el día final.
2.
Nadie ha visto al Padre, sólo aquél que viene de Él,
lo ha visto. Soy aquél.
3.
Todo aquél que oye del Padre y aprende de Él, viene a
Mí.
4.
El que cree en Mí, tiene vida eterna.
5.
Les hizo entender que Él es el pan de vida. Es el Pan
que desciende del cielo. Y el que come de ella vivirá para siempre.
6.
El que de Él no come, de la carne del Hijo del Hombre
y bebe su sangre, no tiene vida en Él; esto es vida eterna.
7.
El que de Él come y bebe permanecerá en Él y Él en
ellos.
8.
Él es el Pan que desciende del cielo.
Muchos de sus discípulos después de oír las
declaraciones y el único medio para llegar a alcanzar lo que “anhelaban”,
volvieron atrás y ya no andaban con Él.
¿Habrá algo que lo haría volver atrás y ya no
andar o seguirlo a Él? ¿También lo ha abandonado debido a esto o aquello?
Gloria a Dios por todas las respuestas
incrustadas en las almas, adheridas a nuestra existencia, enmarcadas en nuestro
proceder, escritas en nuestras mentes. Cuando ante todo cuanto se enfrente,
cuando se es sacudido de las mismas bases de nuestra existencia, emociones,
sentimientos, posesiones; y pareciera que de nuestras mismas acciones, de
cierto proceder y consideraciones que jamás deberían levantarse y mucho menos
expresar; y surge en nuestro interior:
“¿Queréis acaso iros también
vosotros?”
Aún ante la devastación en el interior, en el
exterior, en nuestras limitaciones o en aquello que pareciera que se es fuerte,
la respuesta de nuestro corazón, de lo más profundo de la raíz de nuestra
existencia pueda en forma indiscutible, inconfundible declarar igual que Pedro:
a.
“Señor, ¿a quién iremos?” No hay otro lugar,
no existe otra elección; sólo Tú eres. Ya estamos en donde debemos de estar, ya
hemos llegado guiados, amparados y habilitados por Ti. No hay otro lugar para
nosotros que habitar en Ti.
b.
Señor, “Sólo Tú tienes Palabras de vida eterna”.
·
Eres eternidad
·
Hablas eternidad
·
Impartes eternidad
·
Habitas en eternidad
Todo empieza, da inicio en Ti y continúa en Ti.
Todo dejará de ser, empero por Tu Palabra, en Tu Palabra; Tú eres el Verbo, el
Deseado de todas las naciones.
En la respuesta de Pedro, al igual que el de
todo aquél que pueda confesar esta verdad:
·
Fueron instruidos por Dios, por su Espíritu.
·
Han oído al Padre y aprendiendo están de Él, por ello
es que hemos podido llegar a Ti.
·
Tenemos eternidad gloriosa en Ti, porque en Ti
creemos.
·
Hemos comido del Pan vivo, el Pan de Vida que
descendió del cielo y hemos bebido tu sangre por ello es que podemos permanecer
en Ti y nuestros Redentor en nosotros (Juan 6:56, 57).
c.
“Y nosotros hemos creído y conocido que Tú eres el
Cristo el Hijo del Dios viviente.
Para los discípulos había terminado la búsqueda
de todo, para ellos ya era realidad el Mesías, el Profeta prometido, su Maestro
y Redentor.
Para ellos ya estaban ubicados en el redil del
Buen Pastor, el cual sin su guía siempre estarían extraviados ya que su total
dependencia de Él era su única realidad. Para ellos su todo era Él, todo lo
demás a su alrededor solo era complementos.
Resulta interesante que para los discípulos todo
en la vida había perdido valor y prioridad, nada se le concedía más importancia
de lo necesario. Las palabras de ellos sería creemos la Verdad y conocemos la
Verdad, ¿por qué razón volveríamos al lugar de mentiras, engaños, ilusiones y
todo aquello que es meramente temporal?
Bendito sea el Señor cuando de manera firme, todos
unidos pueden estar cimentados en el mismo lugar.
Se tiene el Cristo, el Hijo del Dios viviente,
¿qué más podría faltar? La respuesta es absolutamente nada, pero,
podemos junto con nuestra fe contraer o añadir compromisos que podemos ponerlos
al mismo nivel de importancia, preferencia y allí inician los obstáculos que
impedirán avances y crecimientos espirituales.
Se tiene como creyentes el mantenerse firme en
el lugar en el que ha permitido llegar el Espíritu de Dios. Asegurar no ser
parte de una muchedumbre que sigue al Señor hasta que se presente la realidad
de que nunca fueron y sólo atraídos estaban por aquello que podían obtener de
Él. Al igual ser cautelosos de no permitir que pérdidas o temor, provoque
el desatender lo que nunca debe ser desatendido.
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